Introducción a Esdras y Nehemías

Publicado en 16/11/2010

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ESDRAS Y NEHEMIAS
Introducción

Aunque los libros de Esd. y Neh. aparecen como dos obras separadas en nuestra Biblia, originalmente eran una obra en dos partes y esas partes se deben estudiar juntas. No sólo la antigua tradición judía es muy clara en este respecto (probablemente la división en dos libros fue una innovación de la iglesia cristiana), pero lo que es más importante es que el contenido de los libros mis mos demuestra ese hecho. Especialmente la segunda parte de Neh. sirve como el clímax de todo lo que ha pasado anteriormente, incluyendo la obra de Esdras, como su presencia e importancia en Neh. 8 lo prueba. Aun que Neh. 1:1 obviamente comienza una nueva sección de la obra, no marca un cambio más drástico en la narrativa que el de Esd. 7:1 en donde se presenta al mismo Esdras.
Lo que no es tan seguro es si se deberían considerar estos libros como parte integral de la obra del autor de los libros de Crón. Obviamente sirven de continuación a su narrativa, como lo muestra la repetición del final de Crón. en los primeros versículos de Esd., pero eso de por sí no demanda que sea el mismo autor. Ambas obras parecen estar interesadas en varios de los mismos temas, notablemente la atención que le dan a la obra y al personal del templo de Jerusalén. Pero dado que ambos son productos de una comunidad relativamente pequeña que por su parte estaba dominada por el templo, tales elementos en común no deberían sorprendernos. Los eruditos en la materia difieren sobre este punto. Afortunadamente no hay muchos lugares donde la decisión hace mucha diferencia para la interpretación de Esd. o Neh. Por lo tanto, estos libros serán considerados en esta sección sin referirnos más a los libros de Crón. de aquí en adelante.

LA SITUACIÓN HISTORICA

Dado que los libros de Esd. y Neh. llevan la forma de una narrativa histórica, tenemos que saber algo de su situación y del transcurso de los eventos a los cuales se refieren para que podamos comprender la contribución que hacen al desarrollo del resto de la historia bíblica.
Los libros de Rey. cuentan la larga historia de los reinos de Israel y Judá. La existencia por separado de Israel llegó a su fin en 722 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo cuando los asirios finalmente incorporaron el país al resto del Imperio (2 Rey. 17). Por los siguientes 150 años el pequeño reino de Judá con el descendiente de David como rey y con su capital en Jerusalén, continuó existiendo como nación individual con experiencias mixtas. Sin embargo, es importante recordar que todo lo que sabemos del pasado de Israel debe haber llegado hasta nuestros días por este medio.
En 587 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo Judá sufrió la misma ruina que su vecino del norte, Israel, aunque en su caso por mano de los babilonios que, en el transcurso del tiempo, sustituyeron a los asirios como el Imperio mundial dominante en esos días. Sería difícil exagerar el trastorno radical que causó la conquista babilónica. Muchas personas, particularmente los líderes y las clases en el poder, fueron deportadas a Babilonia. El templo que por tanto tiempo había permanecido como el punto focal de la religión y la unidad del pueblo fue arrasado por completo y todos sus artículos de valor transportados al templo de los victoriosos babilonios. El rey también fue qui tado (2 Rey. 25:7) tal como pasó con sus antepasados (2 Rey. 24:15), de modo que la monarquía que desde la época de David había representado la esperanza del pueblo (2 Sam. 7) sencillamente dejó de existir. El país mismo parece haberse convertido nada más que en una provincia bastante remota del Imperio Babilónico. Con este desmantelamiento al por mayor de todas las instituciones más importantes del país, a muchos les debe haber parecido que Judá (y con él la religión de la cual eran los únicos testigos) había sido relegada a las páginas de la historia, la misma clase de suerte que varias naciones vecinas sufrieron al mismo tiempo. El li bro de Lam. capta esta escena de impotencia y de desesperación.
No sabemos lo suficiente acerca de la situación en Judá o Babilonia durante los siguientes 50 años, o sea el período comúnmente conocido como el exilio. Lo que sí esta claro, sin embargo, es que en tre los deportados hubo algunos quienes no sólo elaboraron una estrategia para sobrevivir física y socialmente sino que también (y esto es lo más importante) pudieron darse cuenta de que Dios todavía tenía algo en mente para ellos. Verdaderamente ser capaz de apreciar que esos eventos catastróficos eran de parte de Dios y no quedaban fuera de su control fue un avance teológico de grandes proporcio nes. Al estar conscientes de eso y al tratar de aprender las lecciones dolorosas que podía enseñar, al menos algunos miembros de la comunidad cautiva aprendieron a leer, a conservar y finalmente a añadir a las escrituras sagradas desde el punto de vista de su nueva perspectiva.
El año 538 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo, el momento en que comienza el libro de Esd., proclamó un tremendo cambio no sólo en las condiciones de la comunidad judía en el exilio sino en toda la historia del antiguo Cercano Oriente. Ciro el persa, quien en poco tiempo se había hecho con el poder en su patria y había comenzado una serie de conquistas extensas en los últimos años, entró en Babilonia triunfalmente y de allí en adelante fue considerado el soberano indiscutible de todo lo que previamente era el Imperio Babilónico. El Imperio Persa que él estableció fue la potencia mundial principal los dos siguientes siglos más o menos. En diferentes períodos sus reyes controlaban un área que se extendía desde Egipto hasta la India. Por supuesto, también tuvieron sus vicisitudes. Hubo períodos de gran inquietud y rebelión interna; Egipto de ningún modo estuvo bajo control todo el tiempo y algunos de los conflictos con las potencias vecinas como Grecia han llegado a ser legendarios. Tampoco fue ron todos los reyes persas tan capaces como Ciro, Darío y Artajerjes, los tres reyes acerca de quienes se oye más en los libros de Esd. y Neh.

A pesar de esto, dos puntos importantes emergen que se deben mantener en mente. Primero, para los persas el territorio de Judá era más importante de lo que uno se imaginaría debido a su posición estratégica cerca de la frontera tumultuosa de Egipto. Les preocupaba mucho asegurarse de que esta área se mantuviese fiel al Imperio. Y segundo, cuando les convenía hacerlo, los persas tenían la práctica de ganarse esa clase de fidelidad al concederle a los pueblos subyugados un nivel de autonomía local en asuntos religiosos y legales. Por supuesto, cuando les convenía, podían ser tan tiránicos y crueles como los asirios o los babilonios; pero junto a esto, la política más liberal de repatriar a pueblos ocupaba su lugar en el método de gobierno que tenían, como lo ilustra el libro de Esd.
Como veremos muy pronto, los autores bíblicos no se centran en estos asuntos más amplios. Sin embargo, éstos influencian mucho la actitud que tienen sobre las políticas internacionales y, lo que quizá sea más significativo, estas políticas proveen el marco dentro del cual actúan los personajes de los cuales escriben. La realidad de la situación los obliga a hacer y a esperar lo que sea más práctico, de modo que al leer no debemos buscar lo que no hu biera sido razonable para ellos en aquellos días. Conseguir independencia para la nación en el mejor de los casos sólo hubiese sido un sueño remoto. Lo que se necesitaba en esos momentos era encontrar la manera de adaptar las verdades y normas religiosas, establecidas en el pasado y en circunstancias muy distintas, a la nueva situación de una comunidad religiosa pequeña viviendo bajo la sombra de una de las potencias mundiales más importantes.

ESCENARIO

Dada la situación histórica, ¿dónde encajan los libros de Esd. y Neh.? Esta pregunta no es tan fácil de contestar, como uno se imaginaría, por varias razones.
Como es el caso con muchos de los libros bíblicos, es necesario mantener en mente dos niveles diferentes. Primero, es obvio que existen los eventos al nivel que se describen, y este es el más directo de los dos métodos. La mayor parte de la información necesaria para entender esto se encontrará en los puntos relevantes del comentario que sigue. Un punto que no recibirá comentario, en todo caso, es la fecha cuando Esdras viajó a Jerusalén. Según Esd. 7:7 esto ocurrió en el séptimo mes del rey Artajerjes pero hubo tres reyes con el mismo nombre y la historia no hace ninguna distinción. Ya que la historia de Esd. se cuenta antes de la de Neh. generalmente se supone que fue Artajerejes I, de modo que la fecha en cuestión sería 458 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo Hay que avisar al lector, sin embargo, que varios eruditos prefieren las fechas de Artajerjes II (poniendo a Es dras en 398 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo) y que Esdras fue a Jerusalén después de Nehemías. Esta opinión, que se puede encontrar en otros comentarios, obviamente requiere que se arregle mucho material a este nivel histórico elemental. En todo caso, no es tan popular ahora como solía serlo, y no es lo que este comentario asume.
En segundo lugar, siempre vale la pena, al leer libros históricos, preguntarse acerca del escenario y el propósito del autor o del redactor que compiló la obra en su forma actual. Obviamente esto ocurrió más tarde, en algunos casos mucho más tarde, que los eventos que se describen. Por ejemplo, al leer los Evangelios lo normal es investigar el énfasis de cada uno de los evangelistas, y lo que ayuda es el hecho de que podemos comparar la presentación de uno con la de los otros. Podemos observar lo que se ha incluido u omitido, dónde difiere el orden de la presentación y otros elementos por el estilo. Uno quiere saber lo que cada autor enseña acerca de Jesús mismo y por qué lo ha hecho en la manera peculiar.
En principio lo mismo es cierto de Esd. y Neh. Es obvio que el autor ha utilizado diferentes documentos y que no ha utilizado todo el material que ellos le ofrecían. Asimismo, observaremos en el comentario varios lugares donde ha arreglado el material a su propia manera por sus propias razones. El estudio de estos asuntos nos ayuda a ver lo que el autor quería hacer destacar más a sus lectores.
Esto, sin embargo, es lo que da lugar a otros problemas, especialmente el hecho de que no hay modo seguro de determinar con exactitud cuándo escribió el autor y por lo tanto para quién escribía. Una opinión muy probable es que los relatos de la obra de Esdras y Nehemías (o sea, más o menos Esd. 7—Neh. 13) fueron combinados alrededor del 400 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo y que Esd. 1–6 fue añadido un siglo más tarde creando los libros en la forma actual. Si eso es correcto, entonces, un posible interés de los primeros capítulos p. ej.p. ej. Por ejemplo sería la legitimidad de la forma de expresión del culto en la comunidad judía en presencia de afirmaciones rivales, especialmente el crecimiento del grupo que llegamos a conocer más tarde como los samaritanos. Observamos entonces que la restauración del templo se presenta como la verdadera línea de conti nuidad con las formas del culto israelita antiguo y como la comunidad establece su sentido de identidad en presencia de afirmaciones rivales. De esto se pueden aprender lecciones útiles para hoy en lugares donde la iglesia también se esfuerza para mantener su verdadera identidad en un ambiente hostil, especialmente porque los eventos que son la fundación de nuestra fe ocurrieron hace tanto tiempo.

El Imperio Persa en el siglo V a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo

ALGUNOS DE LOS TEMAS PRINCIPALES
Es posible, dadas estas consideraciones, escoger varios temas que corren por ambos libros. La razón para mencionarlos aquí no es para poder decir todo lo que los libros enseñan acerca de estos asuntos, sino hacer preguntas que uno pueda tener en mente al leer el texto mismo.

Concepto teológico de la historia
La primera observación que notamos es que estos libros son muy selectivos en lo que escogen para contarnos. La frase “pasadas estas cosas” en Esd. 7:1, p. ej.p. ej. Por ejemplo cubre un período de más de 50 años. Las actividades de Esdras mayormente ocupan un período de 12 meses, y de la obra de Nehemías no sabemos nada de lo que pasa durante los 12 años entre su primer año de actividad intensa y su segundo período de gobernador más de 12 años más tarde. Asimismo, las citas en Neh. 12:26 y 47 parecen que unen directamente a la generación de los que regresaron primero a la obra de los reformadores que vinieron dos o más generaciones más tarde. Cla ramente, ésta no es una historia científica moderna. Por lo contrario, el período que se cubre está considerado del punto de vista del completo control de Dios sobre el proceso y por medio del cual su pueblo fue primeramente restablecido y luego reformado sobre la tierra. Solo son incluidas las cosas que contribuyeron a eso. Nosotros también necesitamos alzar los ojos de los acontecimientos mundanos de todos los días, los cuales a veces resultan desalentadores, para poder discernir los propósitos mayores de Dios en la vida y mundo nuestros. Teniendo esa vista más amplia enfrente, aprendemos a apreciar más la contribución que ca da uno de nosotros hacemos.

Continuidad

Dadas las desconcertantes circunstancias del exilio ya mencionadas, era muy importante para los que regresaban a Jerusalén y para los que venían detrás de ellos asegurarse de que seguían la misma fe que sus antepasados. ¿Podían seguir confiando en las mismas promesas que encontramos en los libros más antiguos del ATAT Antiguo Testamento? ¿Podían depender en que Dios les ayudara y guiara como lo había hecho en las generaciones pasadas? Ya que su situación era tan diferente de la que los precedió, ¿tenían derecho aún de llamarse el pueblo de Israel? En el comentario se dan muchos ejemplos de la atención que el autor presta a estos temas, y sin duda hay muchos otros que todavía se podrán descubrir. La manera en que se describe el regreso del exilio, el proceso de reconstrucción del templo, la manera en que fue amueblado, y las personas que ministraron allí, todos estos fueron los medios por los cuales el autor quiso tranquilizar a los lectores y darles un sentido de orientación religiosa.
Quizá lo más importante de todo fue la atención que le dio al libro de la Ley, la ley de Moisés (utiliza varios títulos diferentes, pero todos se refieren a lo mismo). Por supuesto, gran parte de la ley, que llamamos el Pentateuco (de Gén. a Deut.), fue escrita por un pueblo que vivió en distintas condiciones: Eran una nación soberana y podían controlar todos sus propios asuntos internos. Tal vez por esa misma razón muchos llegaron a considerarla como palabra muerta. La contribución especial de Esdras, como veremos, fue desarrollar métodos de interpretación que les enseñasen a obtener los principios fundamentales de las Escrituras para que los pudiesen aplicar de nuevo en sus propios días, algo que es tan necesario que nosotros hagamos como lo fue para ellos. La adherencia a las enseñanzas de este libro (el cual, por supuesto, tiene tanto de la gracia y salvación de Dios y del carácter de la fe como de la “ley” definida estrictamente) les permitió obtener los medios principales de acceso al conocimiento de Dios, como también lo hace para nosotros. Esto es lo más importante para establecer continuidad con la fe de los que nos precedieron.

El progreso de la restauración

Las primeras tres secciones principales de los libros (Esd. 1–6; 7–10; Neh. 1–7) siguen el mismo modelo: Se concede permiso a una persona o a un grupo para regresar a Jerusalén desde Babilonia para realizar una tarea específica; al ponerse a hacerla se encuentran con oposición de una clase u otra, pero finalmente la superan para completar al menos la parte principal de la tarea. Este modelo a su vez sirve para animarnos a tener paciencia y ser fieles y al mismo tiempo nos advierte que no nos desviemos por culpa de problemas externos.
La última parte de la obra (Neh. 8–13), sin embargo, es bastante difícil. Al centro de ella se encuentra la lectura de la ley, seguida por la confesión y el compromiso de obedecer la ley de Dios (Neh. 8–10). Pero pronto, a pesar de la celebración por lo que se ha logrado (Neh. 12:27–43), leemos de los intentos, no siempre exitosos, de trasla dar los valores de ese gran evento a la rutina más monótona que invariablemente los sigue. De esto hacemos dos observaciones. Primera, la “renovación del compromiso” de Neh. 8–10 está ubicada firmemente como el clímax de la obra de Dios por medio de los reformadores y no como condición de ella. Los lectores futuros podrán aprender que la obediencia fiel que se les requiere no es un medio para ganar el favor de Dios sino que representa la acción en respuesta a la manera en que Dios ha restaurado y transformado la existencia de su comunidad. Segunda, el pueblo de Dios no puede suponer que se le puede mantener para siempre en un alto plano de emoción espiritual. En verdad esos momentos pierden su valor si no se les convierte en una vida de fidelidad y obediencia regular y cotidia na inclusive en asuntos tan “mundanos” como las contribuciones financieras para el servicio de Dios. La manera medio desalentadora en que termina el libro en Neh. 13 sugiere que, sin ayuda, ésta es verdaderamente la parte más difícil del mensaje del libro.

Relaciones

Casi en todas partes (Neh. 9:32–37 es la única mayor excepción) los libros pintan a los reyes persas en una luz positiva. Desde el primer versículo de Esd., donde Ciro reacciona en respuesta al impulso de Dios, pasando por la confirmación por parte de Darío del permiso para reconstruir el templo (Esd. 6:6–12; ver el v. 14) y la encomienda de Es dras por Artajerjes (Esd. 7:12–26) y su apoyo de Nehemías (Neh. 2:6), estos reyes son los agentes humanos principales de la voluntad divina a nivel oficial. En contraste, la importancia política de los actores principales judíos recibe muy poca atención. Al seguir el rastro de este tema, se hace claro que el autor trataba de dar un bosquejo del programa que fuese fiel a la realidad y, por otra parte, insistió en las lecciones de lo que significa ser fiel bajo estas circunstancias. Ya que las autoridades dominantes tenían buena disposición hacia los judíos, se debían concentrar en las oportunidades que Dios les daba de servir en vez de perturbar las cosas tratando de hacer cambios radicales en el statu quo. Solo el final de Neh. 9 sirve para recordar que lo bueno que Dios desea todavía queda por venir.
En cambio, a las autoridades de los países vecinos se les proyecta de modo uniforme en una luz negativa, con Sambalat siendo el peor de todos, aunque de ninguna manera el único. Y aquí, la amenaza es muy seria ya que estos vecinos compartían hasta cierto punto los valores religiosos de los judíos mismos (ver, por ej. Esd. 4:1–3). No se ne cesita dudar de que haya un tono lleno de disculpas en la manera resuelta en que se describe el tratamiento de esta oposición. Para muchas personas este es uno de los aspectos menos atractivos de estos libros, especialmente cuando parte de la solución a los problemas incluye disolver los matrimonios mixtos (Esd. 9–10; Neh. 13:23–28). Nueva mente en estos pasajes es necesario mantener en mente las circunstancias que los judíos enfrentaban y no tratar de evitar el problema al darle una respuesta “espiritual”. La pureza de su religión era vi tal para la continuidad de la comunidad y por eso el legado que nos deja es que en este período formativo no debía haber término medio ni en su posición legal bajo la ley persa ni en la integridad de su autoidentidad. (Además, se debe recordar que estaban dispuestos a recibir a toda persona que quisiese unirse a ellos con sinceridad; cf.cf. Confer (lat.), compare Esd. 6:21.) Hay veces, y sin duda ésta era una de esas, cuando hay que darle prioridad a la pureza de las cualidades de “luz” y de “sal” del pueblo de Dios para que no se disuelvan completamente y el testimonio del amor y gracia salvífica de Dios se pierda de vista completamente.
Estos son algunos de los temas característicos de estos libros que pueden servirnos de orientación para leerlos inteligentemente. Por supuesto, esto no es como para negar que habrá otras observaciones que nos llamarán la atención. Entre otras cosas mencionaremos la soberanía característica de Dios, especialmente teniendo en cuenta la situación política en la que se encuentran estos libros en comparación con los libros más antiguos de historia del ATAT Antiguo Testamento, la naturaleza y práctica de la oración, también los rasgos de los actores principales, las cualidades del liderazgo que ejemplifican, etc. En todo caso, es obvio que hay mucho de valor eterno que se pue de aprender al estudiar estos libros frecuentemente malentendidos.
ESDRAS

BOSQUEJO DEL CONTENIDO

1:1—6:22    El regreso del exilio y la reconstrucción del templo
1:1-11    Ciro manda el regreso de los exiliados y de los utensilios del templo
2:1-70    La lista de los exiliados que regresaron
3:1—4:5    La restauración del culto
4:6-24    La oposición abierta
5:1—6:22    La reconstrucción del templo

7:1—10:44    Esdras
7:1-10    Introducción de Esdras
7:11-28    La comisión de Esdras
8:1-36    El viaje de Esdras a Jerusalén
9:1-15    Informe de matrimonios mixtos y la confesión de Esdras
10:1-44    Se resuelve el problema de los matrimonios mixtos
Comentario

1:1-6:22 EL REGRESO DEL EXILIO Y LA RECONSTRUCCION DEL TEMPLO

Los primeros seis caps. de Esd. abarcan un período de poco más de 20 años (538–515 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo), durante el cual varios judíos regresaron del exilio en Babilonia y, después de algunas demoras, reconstruyeron el templo en Jerusalén que los babilonios habían destruido 50 años atrás.
Sin embargo, estos eventos no fueron escritos en forma de narrativa continua, sino que más bien se han acentuado ciertos momentos especiales, mientras que otros asuntos de importancia histórica (como el viaje de vuelta a Jerusalén) no se describen para nada. Esto se debe a que el autor vivió en una época mucho más reciente que los eventos que narra de modo que estaba limitado a lo que venía escrito en los documentos que tenía a su disposición, como copias de cartas, listas y otros documentos. Por la manera en que terminó el arreglo de todo esto, añadiendo algunos comentarios para unirlos, llama la atención de sus lectores sobre el significado religioso y teológico de estos eventos.
En primer lugar, enfatiza el hecho de que estos eventos estuvieron bajo el control del soberano Dios del cielo, quien utilizó hasta reyes paganos como Ciro y Darío para realizar su voluntad para su pueblo (por ej., 1:1 y 6:14), aunque lo que pasó pareciera insignificante en vista de los asuntos más importantes del poderoso Imperio Persa. Esto anima al lector a considerar los asuntos internacionales con una perspectiva distinta de la corriente, y donde una comunidad religiosa pequeña de otra manera se desilusionaría fácilmente.
Durante períodos de inestabilidad política, el creyente aprende a ver las cosas de manera más profunda para poder discernir las oportunidades que Dios ofrece, como p. ej.p. ej. Por ejemplo el renovar los esfuerzos para la evangelización o cambiar la dirección de la estrategia de la iglesia para que sea más eficaz en su servicio y testimonio en el nuevo clima social.
En segundo lugar, hay un gran énfasis en toda esta sección en la continuidad entre las antiguas instituciones de Israel y las de la nueva comunidad en Jerusalén. De modo que se les recuerda a los lectores que ellos son los herederos legítimos de todo lo que Dios le prometió a su pueblo hace mucho tiempo; la religión de ellos no es nueva sino que representa la continuación directa de lo que se le reveló a Moisés, a David y a Salomón.
También puede ser que se haga una observación negativa en esta sección, a saber, el rechazo de las afirmaciones rivales, como las de la comunidad samaritana al norte, que empieza a emerger. Si estos capítulos fueron compilados mientras se edificaba el templo samaritano (c. de 300 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo), esa clase de garantía era necesaria. En tercer lugar, entonces, el autor claramente nota en los caps. 4–6 que la oposición a la obra de Dios se supera mejor al continuar fielmente en la labor asignada por Dios en lugar de buscar términos medios u optar por enfrentamientos. Todos estos temas serán desarrollados más ampliamente en los libros de Esd. y Neh.

1:1-11 Ciro manda el regreso de los exiliados y de los utensilios del templo

Este primer capítulo se centra en las primeras dos observaciones que acabamos de discutir. El escenario es el año en el cual —debido a su rápida subida a la posición de autoridad— Ciro conquistó Babilonia (538 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo) sustituyendo el pasado imperio mundial de Babilonia con el de los persas. La polí tica imperial persa era diferente de la de su predecesor. Mientras que los otros buscaban establecer su autoridad por medio de medidas duras tales como el movimiento entero de poblaciones subyugadas (exilio), los persas preferían acomodar los intereses de gente local cuando esa política les convenía según sus propios propósitos. Antes de que los persas pudiesen planear su expansión hacia Egipto, necesitaban la lealtad de los habitantes del lado occidental del Imperio, el cual incluía Palestina, y eso resultó en los favores que se le otorgaron a los judíos.
1:1–6 El decreto de Ciro. Mientras que los historiadores seculares tratan de explicar los acontecimientos por medio de las políticas imperiales de la época, el autor bíblico las considera los medios por los cuales Dios realizó sus propósitos. Por eso el impulso de Ciro (1) y el del pueblo de Dios a obedecer fielmente (5) se pueden describir con los mismos términos. Lo que es más, se cuenta que Ciro fue el instrumento usado para cumplir las profecías anteriores, probablemente refiriéndose a Jer. 50:9 y 51:11 leídas a la luz de Isa. 44:28 y 45:13. Siguiendo esta forma de pensar, lo que original mente pudo haber sido un anuncio bastante localizado (la forma del pregón en los vv. 2–4 es la de un mensaje oral, probablemente dirigido a los líderes judíos) ahora se le ve con significado universal: Ciro, rey de Persia, … hizo pregonar por todo su reino (1).
El decreto (2–4) se concentra en permiso para regresar. Los detalles acerca de la reconstrucción del templo fueron el tema de otro edicto (cf.cf. Confer (lat.), compare 6:3–6), porque afectaban a otros, no solo a los judíos. Los dos pasajes no se deben considerar variantes del mismo edicto.
A la respuesta del pueblo (5) la sigue una nota (6) con la intención de recordarnos el éxodo de Egipto. El apoyo monetario dado por todos los que estaban en los alrededores incluía no solo el de los judíos que decidieron no volver (cf.cf. Confer (lat.), compare v. 4), sino también de personas no judías. La forma de expresión de este versículo recuerda el tema del “despojamiento de los egipcios” de Exo. 3:21–22; 11:2, 12:35–36. Esta es la primera de varias alusiones al éxodo que invitan al lector a considerar cuidadosamente lo que de otra manera se descartaría como un acontecimiento oscuro e insignificante dentro de la historia del Imperio Persa. Al ojo de la fe, este regreso no es menos trascendental que los acontecimientos relacionados con el nacimiento de la nación de Israel.
Nota. 2 El título Dios de los cielos aparece en esta sección por primera vez en la Biblia. Se utiliza más comúnmente en los contextos donde los judíos están en contacto con los persas. Al principio pudo ser que fue adoptado como un título aceptable para ambos partidos (la deidad persa, Ahura Mazda era un dios celestial).
1:7–11 La devolución de los utensilios del templo. Este párrafo sin duda está basado en el inventario de los utensilios del templo que fueron devueltos, el cual se debe haber hallado en los archi vos del templo. El autor no lo incluyó por su interés como anticuario como lo prueban sus propios comentarios previos. Primero, varios elementos recuerdan aspectos del éxodo de Egipto. Es obvio por Isa. 52:11, 12 que se esperaba que se devolvieran los utensilios como parte del “segundo éxodo”. Además, el v. 11 utiliza una fórmula común en otras partes para describir el éxodo (cf.cf. Confer (lat.), compare Gén. 50:24; Exo. 3:8, 17; y especialmente 33:1). Finalmente, es posible que el título original de Sesbasar, dirigente de Judá (8) sea un reflejo de Núm. 7:84–86 (cf.cf. Confer (lat.), compare Núm. 2:3–31; 7:1–83; 34:18–28, en los cua les RVARVA Reina-Valera Actualizada traduce la misma palabra como “jefe”), donde los “jefes” de las distintas tribus van conectados con tales utensilios durante el período del desierto.
En segundo lugar, el v. 7 destaca que estos utensilios son los mismos que habían sido quitados del primer templo en Jerusalén (ver 2 Rey. 24:13; 25:13–15; 2 Crón. 26:7, 10, 18). En forma simbólica puede ser que tomaron el lugar de los dioses o ídolos de otras naciones que Nabucodonosor capturó y puso en su templo como muestra de su superioridad. Al ser devueltos, y en forma indirecta, al ser utilizados nuevamente en las ceremonias del segundo templo en la misma época del autor se pudo establecer una fuerte línea de continuidad con el templo de Salomón. Sirvieron para enfocar la atención sobre la unión del pueblo de Dios y revivieron el culto del templo parado por el exilio.
Notas. 8 Sesbasar fue el primer gobernador de la provincia persa de Judá (cf.cf. Confer (lat.), compare 5:14). No se sabe nada más por seguro acerca de él. Es muy posible que haya sido un jefe destacado de la tribu de Judá, pero las sugerencias de que haya sido de la familia de David o que se le debe identificar como Zorobabel son especulativas. 9, 10 La traducción exacta de los diferentes tipos de utensilios es muy incierta de modo que se asigna una variedad de artículos a la palabra. 11 El total, 5.400, no es igual a la suma de sus partes. Puede ser que esto se deba a errores al copiar los símbolos de las cifras o sencillamente fue un error en los cálculos (de esto hay muchos ejem plos en los textos del tesoro persa en Persépolis).

2:1-70 La lista de los exiliados que regresaron

Es evidente por los últimos versículos del capítulo, que esta lista fue compilada bastante después del regreso. Exactamente por qué y cuándo no se sabe, pero una sugerencia atractiva es que respondía al pedido oficial de los nombres de los que se ocupaban de la edificación del segundo templo (5:4). Si es cierto, entonces puede ser que la lista incluye no sólo a los que regresaron inmediatamente después del pregón de Ciro, sino también a los que los siguieron en los 10 ó 12 años subsiguientes. La lista se repite en Neh. 7:6–73, donde “los que habían su bido la primera vez” (v. 5) se debe interpretar en un sentido general, ya que se dan en contraste con las otras tandas de los que regresaron como la que dirigió Esdras (cf.cf. Confer (lat.), compare Esd. 8). La explicación que se ha dado por las pequeñas diferencias entre las dos versiones de la lista, que conciernen mayormente a cifras, es que se deben a problemas típicos que aparecieron más tarde en la reproducción de un sistema de escribir números muy complicado durante esa época.
Después de los nombres de los 12 jefes (ver Neh. 7:7), el orden de la lista es este: familias laicas (3–35), sacerdotes (36–39), levitas (40) y servidores del culto (41–58). A esto le siguen detalles acerca de los que no pudieron establecer su linaje (59–63), un resumen como conclusión (64–67) y otros detalles breves. La sección larga de laicos no parece ser una unidad ya que algunos están registrados por fa milia y otros por domicilio. Es posible que estos últimos hayan sido personas que no fueron exiliadas pero que de todos modos se unieron con los que regresaron para reconstruir el templo.
La razón teológica principal por incluir esta lista es acentuar nuevamente la continuidad entre la comunidad posterior al exilio y el antiguo pueblo de Is rael. Esto lo indican especialmente las observaciones de los vv. 59–63 sobre los que no pudieron en ese momento establecer su linaje para la satisfacción pública, y el número de jefes (12) que recuerda el número de tribus de Israel. Además, el énfasis al principio y al final de la lista en cada persona que regresa a su propia ciudad (vv. 1 y 70) señala la estrecha asociación también en otras partes del ATAT Antiguo Testamento entre el pueblo y la tierra, de modo que el capítulo funciona de la misma manera que las listas en la segunda parte del libro de Jos. Lo que insinúa, por consiguiente, es que se cumple parcialmente la promesa básica a Abraham (Gén. 12:2, 3).
Por supuesto, el sentido de exclusividad que expresa este capítulo debe equilibrarse con la característica inclusiva de los propósitos de Dios atestiguada en otras partes de las Escrituras, inclusive en el ATAT Antiguo Testamento (y como lo sugiere este capítulo por la cantidad de nombres extranjeros, especialmente en los vv. 43–58). Pero en el contexto actual, que es un período de transición crucial, era inevitable que se acentuara la importancia del sentido de identidad de la comunidad y el mantenimiento de una clase de continuidad correspondiente al pasado.
Asimismo, las comunidades cristianas deben aprender a ser más sensitivas a las prioridades que su situación demande. La visión suprema siempre ha sido reflejar la gracia de Dios que siempre nos acepta. A veces, sin embargo, fallas morales o doc trinales resultan en una iglesia que casi ni se puede distinguir de la sociedad que la rodea. En tales casos es posible que se tenga que acentuar la necesidad de volver a las reformas y a definir los límites nuevamente, lo cual es un proceso que aparenta ser exclusivista. Su propósito, sin embargo, debería ser el recrear un centro cristiano vibrante que pueda funcionar eficazmente una vez más para atraer a otras personas a la experiencia del amor de Dios.

3:1-4:5 La restauración del culto

Esta sección se divide en tres partes. La primera describe la restauración del altar y del culto con el que se le asocia (3:1–6), la segunda los preparativos para la reconstrucción del templo (3:7–13) y la tercera la primera nota de oposición a la obra, que como resultado se demoró (4:1–5). A primera vista, este cuadro no cuadra con la impresión que da el profeta Hageo, quien más tarde (c. de 520 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo) castiga al pueblo por la completa desatención al templo, y quien indujo lo que parece ser un nuevo comienzo en la obra de edificación bajo el liderazgo de Zorobabel y Jesúa (o Josué).
Se han propuesto varias soluciones a esta dificultad; p. ej.p. ej. Por ejemplo que para el tiempo de Hageo el humilde comienzo que se había hecho casi se había olvidado. Otra alternativa es que no deberíamos atribuir este pasaje a los primeros días del regreso. Podría ser que los vv. 7–13 y 4:1–3 vienen del tiempo del profeta Hageo (su llegada a la casa de Dios en el v. 8 entonces se refiere a cuando comenzó la reconstrucción y no a la fecha del primer regreso desde Babilonia), y 4:4, 5 se añadieron luego para explicar por qué ocurrió la demora (cf.cf. Confer (lat.), compare 4:4 con 3:3, y note el tiempo transcurrido mencionado en el v. 5). De todas maneras, lo que explica la postura del autor está claro y la intención es que sirva de ejemplo: El pueblo tenía las prioridades correctas al que rer restaurar algunas partes del culto lo antes posible, aun antes de que el templo estuviese completo (3:6).
3:1–6 La restauración del altar y del culto. Al menos este párrafo se refiere a los primeros días del regreso del exilio. Restauraron el altar sobre su base (3), o sea, en el mismo sitio donde se había des truido el altar original. Se aseguró la continuidad con el culto del Israel de antes del cautiverio al concentrarse en el preciso lugar del altar de holocaustos revelado por Dios (cf.cf. Confer (lat.), compare 1 Crón. 22:1). Asimis mo, los sacrificios específicos (4) y los generales (5) fueron reanudados como está escrito. Las formas y la expresión del culto son precisamente las mismas que Moisés y David instituyeron.
Notas. 2 Jesúa era el sumo sacerdote (ver Hag. 1:1), una posición que asumió más y más importancia después del fin de la monarquía, así que apropiadamente se le menciona primero aquí. Zoro babel aparentemente sucedió a Sesbasar como gobernador civil (ver Hag. 1:1). Aunque pertenecía a la familia de David (1 Crón. 3:19), no se le atribuye ninguna importancia a ese hecho en el libro de Esd.
3:7–13 Preparativos para la reconstrucción del templo. Prácticamente todas las declaraciones en este párrafo se proponen acentuar la similitud al primer templo. Por ejemplo, el v. 7 es un eco de 1 Crón. 22:2–4 y 2 Crón. 2:15, 16; la fecha en el v. 8 recuerda a 2 Crón. 3:2 y si se añaden los dos años de preparativos a los cinco años de edificación (cf.cf. Confer (lat.), compare 6:15), el total de siete años se puede comparar a 1 Rey. 6:38. El papel de los levitas de supervisar la obra (8, 9) es el mismo de 1 Crón. 23:4, y la descripción de las subsiguientes celebraciones (10, 11) recuerda la dedicación del primer templo (p. ej.p. ej. Por ejemplo 2 Crón. 5:11–13; 7:3). Finalmente, se realiza una comparación explícita en los vv. 12–13, donde el ruido del regocijo por haber terminado la restauración por lo menos igualó el llorar desilusionado de los que eran suficientemente viejos como para haber visto el primer templo. Nuevamente entonces el énfasis sobre la continuidad y la legitimidad es el propósito principal de este párrafo, mientras que la nota de regocijo con la que concluye es otro desafío para la generación de los contemporáneos del autor.
4:1–5 Los primeros signos de oposición. Si el incidente de los vv. 1–3 ocurrió en el tiempo de Darío como se sugirió anteriormente, puede que explique por qué poco después todo el proyecto fue sometido a una investigación oficial en el cap. 5. Los que fueron desairados pronto comenzaron a tomar represalias. Aunque era posible recibir a cualquier persona de afuera como miembro de la comunidad (cf.cf. Confer (lat.), compare 6:21) si otros grupos se unían como socios iguales, se arriesgaba perder la autoridad legal para reconstruir el templo. La investigación subsiguiente (cf.cf. Confer (lat.), compare 5:3) dio la razón a la sabiduría en ponerse fir me en cuanto a este punto. Los enemigos de Judá y de Benjamín (1) fue escrito probablemente después de que se supo lo que pasó; en aquel momento puede ser que no se les consideraba de la misma manera.
Los vv. 4, 5 fueron añadidos por separado para explicar la demora desde la dedicación del altar (3:1–6) y la reconstrucción del templo.
Notas. 2 La repoblación del antiguo reino del norte con extranjeros por Esarjadón, rey de Asiria, no se menciona en los libros históricos (2 Rey. 17:24–41 concierne a Sargón II), pero se alude a ellos en Isa. 7:8. 5 Darío sucedió a Cambises como rey de Persia en 522 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo y reinó hasta 486 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo Los primeros dos años de su reinado fueron caracterizados por muchas rebeliones (no mencionadas en Esd. pero de posible significado en el esce nario de las profecías de Hageo y Zacarías), pero luego Esd. indica que reanudó las políticas de Ciro.

4:6-24 La oposición abierta

En esta sección se mencionan tres cartas de acusación en contra de los judíos, una escrita para Jerjes (6) y dos para Artajerjes (7–16). Estos dos reyes reinaron después de Darío, pero los caps. 5–6 vuelven a su reinado. A menos que el autor se haya confundido completamente con la cronología de este período, tenemos que asumir que esta sección es una digresión y que el v. 24 trata de mostrar que se reanuda la narrativa que se dejó de lado en el v. 5 (y sigue la misma forma de expresión). A favor de esta solución está el hecho de que las acusaciones tienen que ver con los muros de Jerusalén (12, 13) y no con el templo, lo cual es el tema del resto de Esd. 1–6.
La razón por esta digresión está suficientemente clara. El autor acaba de relatar el desaire del ofrecimiento de ayudar. Esta decisión aparentemente du ra la justifican estos acontecimientos, cuando los grupos involucrados revelan sus verdaderas intenciones y se descubre que ciertamente eran los enemigos de Judá y Benjamín (1). Ya que este es sólo el primer relato de oposición a la obra de Dios en los libros de Esd. y Neh. (veremos muchos más), sirve de advertencia de la necesidad constante de estar vigilantes y de que es mejor resolver los problemas causados por la oposición mientras está todavía “afuera” antes de que se le permita afianzarse a la comunidad donde puede ser mucho más destructiva.
Sólo se da por completo una de las acusaciones (8–16), y la respuesta del rey (17–22) nos puede ayudar más tarde a explicar las condiciones que hicieron necesaria la misión de Nehemías. No hay nada de evidencia que sugiera que la acusación de una rebelión bien planeada fuera correcta. Pero dada la inquietud que frecuentemente caracterizaba partes de las provincias occidentales del Imperio, se le puede perdonar a Artajerjes por haber “actuado primero y pensado luego”.
Notas. 8 Como lo indica el v. 7, la forma de expresión aquí cambia del heb., el idioma común del ATAT Antiguo Testamento, al arameo, y continúa hasta 6:18. El arameo se usaba como “idioma diplomático” en el Imperio Persa, y es probable que muchos de los documentos en que se basó el autor de Esd. estaban escritos en ese idioma. Ya que los judíos lo entendían muy bien, escogió dejar estas citas en su idioma original y utilizarlas para hacer breves conexiones narrativas también. 10 El nombre oficial de la provincia occidental del Imperio era Más Allá del Río. Varios de los otros nombres y títulos en estos versículos son oscuros. 12 Es posible que esto se refiera a los que regresaron con Esdras. 20 Los reyes fuertes no eran judíos (como David o Salomón) sino los antepasados de Artajerjes, como Ciro y Darío. Está ansioso de que no se le compare a ellos.

5:1-6:22 La reconstrucción del templo

La mayor parte de esta larga sección obviamente se centra en un incidente que ocurrió durante la reconstrucción del templo, a saber la investigación del funcionario persa Tatnai (5:3–17) y la respuesta favorable a ella por parte de la corte (6:1–13). El autor ha puesto este material en un lindo marco con comentarios ecuánimes sobre el supremo impulso y providencia de Dios (5:1, 2 y 6:14) antes de completar la sección con los detalles de la celebración de la dedicación del templo y de la Pascua (6:15–22). Vale la pena observar que, tal como en ocasio nes anteriores, muchos detalles que a uno le parecería que debían ser añadidos no lo son; p. ej.p. ej. Por ejemplo no se dice nada del proceso ni del progreso de la edificación misma. Al autor le interesa relatar sólo lo que sabe por sus fuentes (principalmente copias de correspondencia entre Tatnai y el rey) y comentar sobre su significado teológico.
Con relación a esto sobresalen dos afirmaciones. Primera, nuevamente se acentúa la actitud positiva que se tiene para con las autoridades persas a las cuales se les considera instrumentos de los propósitos de Dios (ver sobre 1:1). El autor adopta la actitud de que en todo lo posible —en las circuns tancias particulares de su propio tiempo— se eviten conflictos entre “la iglesia y el Estado”; la soberanía de Dios no depende de la comunidad que busca explotar los derechos que le otorga la ley ci vil ya que Dios es bien capaz de obrar por medio de ellos para el beneficio de su pueblo. El autor no propone que el establecimiento de independencia política sea de por sí una condición necesaria para la libertad del pueblo de Dios. En verdad, menciona con gozo el apoyo del Estado a la oración y los holocaustos para la familia real (6:9, 10).
En segundo lugar, el tema de la continuidad, que hemos notado repetidamente en los capítulos previos, sigue aquí tanto con respecto a la construcción del templo mismo (por ej. 5:8, cf.cf. Confer (lat.), compare 1 Rey. 6:36 y 7:12; 5:11, 13–15; 6:3–5) como a ceremonias e instituciones relacionadas con él (por ej. 6:17, 18).
Aunque el cristianismo no depende en la misma manera de tales instituciones externas, es importante que recordemos que la “iglesia universal” incluye no sólo a todos los creyentes verdaderos de hoy sino también a todos los que han vivido antes que nosotros. Tenemos en común con ellos la misma Biblia, las mismas ordenanzas, muchas de las formas de adorar y el sentido de valores morales. Nos alienta reflexionar frecuentemente sobre “la comunión de todos los santos” y es una buena disciplina examinar nuestra condición presente a la luz de su ejemplo. Sin degradar de ninguna manera la completa autoridad de las Escrituras, ignoramos la experiencia de otros creyentes (“la tradición”) a nuestro propio riesgo.
5:1, 2 La reconstrucción de la casa de Dios. De acuerdo con la descripción en Hag. y en Zac. 1–8, el estímulo principal para la obra viene del propio Dios de Israel, por medio de la palabra profética que evocó una reacción entusiasta.
5:3–17 La investigación de Tatnai. Si el impulso para esto fue el resultado del desaire de 4:1–3 o no, no se sabe; pero no hay ningún indicio de que Tatnai vino a Jerusalén con malas intenciones. Ya que la autorización para la obra otorgada por Ciro casi 20 años atrás (cf.cf. Confer (lat.), compare vv. 13–16) era desconocida por él, necesitaba asegurarse de que todo estaba en orden, especialmente si estaba en cuestión el uso de fondos públicos (cf.cf. Confer (lat.), compare v. 15 con 6:4, 8). El v. 5 sugiere que estaba propenso a creer la historia judía, una actitud que el autor nuevamente atribuye a la providencia divina.
Notas. 10 La lista de nombres está incluida aquí, aunque pudo haber sido utilizada en el cap. 2. Obviamente, entonces, el autor ha abreviado la copia de la carta de Tatnai que estaba copiando. 12 Vale la pena notar hasta qué grado esta generación se apoderó de las enseñanzas de los profetas del período previo al exilio, sin importarles cuán desagradables fuesen. Confesar las fallas pasadas es un elemento importante para el avivamiento. 16 La segunda parte de este versículo no es verdad en el sentido estricto ya que el comienzo de la reconstrucción bajo Sesbasar hacía mucho tiempo se había interrumpido. Lo que era importante, sin embargo, era que los judíos insistían en que legalmente la actividad actual era la continuación de la misma autorización. Por lo tanto, mencionaron los nombres de personas que habían sido registradas en los archivos del país, y no los de los líderes actuales. 17 Como era de esperar, a este punto, Tatnai pide confirmación. El hecho de que no encuentran el documento pertinente en Babilonia —lo cual era de esperarse— sino en una de las capitales persas, Acmeta (6:2), es un signo poderoso de la exactitud de la historia.
6:1–12 La respuesta de Darío. Darío incorporó la copia del decreto original de Ciro en su respuesta (3–6) y la afirmación de los judíos se justificó. Darío no solo reafirmó el decreto sino que añadió ciertas disposiciones por su propia parte con duras consecuencias para quienes las desobedecieran (7–12). Descubrimientos recientes de textos administrativos persas, aunque no se refieren a los judíos ni al templo de Jerusalén, han mostrado que tal apoyo de cultos regionales se practicó ampliamente en el imperio.
Nota. 3 La última parte de este versículo se debería enmendar para que diga “30 codos de alto, 60 codos de largo y 20 codos de ancho”, o sea, aproximadamente 13 m.m. Metro de alto, 27 m.m. Metro de largo y 9 m.m. Metro de ancho.
6:13–18 Se completa y se dedica el templo. Igual que al principio de esta sección, el autor una vez más acentúa la mano soberana de Dios en el proceso político. A la importancia de los profetas (v. 14, cf.cf. Confer (lat.), compare 5:1) se añade la identidad del mandamiento de Dios con aquel de los reyes. Puede ser que se incluya a Artajerjes aquí anticipando el apoyo que le dará a Esdras en el próximo capítulo; en todo caso, la cita no puede ser totalmente acerca del papel negativo que se le asigna en el cap. 4.
La dedicación del templo presenta a la comunidad en una luz muy positiva. Se consideraban a sí mismos representantes de todo el Israel de antes del exilio (v. 17), y apropiadamente la ceremonia era evocadora de la dedicación del templo de Sa lomón: cuando toda la nación estaba todavía unificada (ver 1 Rey. 8). Aunque esto pueda parecer estar bien lejos de las circunstancias verdaderas del período después del exilio, sirve para poner frente al lector el ideal que cualquier comunidad religiosa, pasada o presente, debe adoptar.
6:19–22 La celebración de la Pascua. Aquí el autor vuelve a usar el heb. para completar toda esta parte de Esd. 1–6. La Pascua era una fiesta adecuada para concluir este relato de una serie de acon tecimientos que en muchos sentidos se consideraba el segundo éxodo. El v. 21 nuevamente acent úa que la comunidad estaba abierta para todos los que estuviesen dispuestos a unirse a ella sin condiciones.
Nota. 22 Rey de Asiria es una manera superficialmente curiosa de referirse al rey persa (Darío) y quizá se puede explicar así: A Asiria se le consideraba como símbolo de una potencia opresora (ver Neh. 9:32), el papel que más tarde se le otorgó a Babilonia (ver 1 Ped. 5:13; Apoc. 14:8; 18:2). No era totalmente inadecuado ya que Persia heredó el Imperio Babilónico el cual a su vez lo había heredado de Asiria. También parece haber evidencia de que los persas eran conscientes de esta herencia.

7:1-10:44 ESDRAS
El material acerca de Esdras se encuentra en Esd. 7–10 y en Neh. 8. Parte de él se cuenta en las palabras del mismo Esdras, y probablemente el resto fue escrito de nuevo por un redactor futuro. Si se asume que el rey en cuestión es Artajerjes I, hay un espacio en blanco de como 57 años entre Esd. 6 y 7. Nada habla más fuerte acerca de las intenciones teológicas (y no solamente históricas) del autor que la manera desapercibida en que se lle na este espacio con las palabras Pasadas estas cosas (7:1). Obviamente, no va a contarnos lo que pasó inmediatamente después de eso, sino acerca del próximo evento significativo en el plan de Dios pa ra reavivar a la comunidad judía después del trastorno del cautiverio babilónico.

7:1-10 Introducción a Esdras

Se presenta a Esdras como sacerdote y escriba. Su genealogía (1–5) muestra que era miembro de la familia sacerdotal, un descendiente de Seraías, el penúltimo sumo sacerdote de Judá antes del exilio (1 Crón. 6:14). En el período subsecuente al exilio, sin embargo, el papel de maestro de los sacerdotes pasó más y más a manos de los escribas, de los cuales se presenta a Esdras como uno de los mejo res ejemplos (vv. 6 y 10). Esto era inevitable una vez que las Escrituras estaban completas y se convirtieron en la autoridad religiosa principal. Entonces, Esdras ocupa un lugar de honor en el momento de transición en la manera en que la ley de Dios se interpreta a su pueblo; y se nos prepara para la parte importante que la interpretación de los textos bíblicos aceptados desarrollarán en su narrativa.
Su viaje a Jerusalén se resume en los vv. 6–9; más detalles se dan en el cap. 8. El primer día del mes primero (9) señala la fiesta de la Pascua (cf.cf. Confer (lat.), compare Exo. 12:2), y esto está de acuerdo con la interpretación posterior que considera a Esdras el segundo Moisés. La Escritura como está atrae a personalidades y eventos al diseño de la historia salvado ra conocida, que nos lleva a comprender más profundamente la soberanía de Dios sobre los asuntos de su pueblo, y ayuda a los lectores posteriores a reconocer semejantes diseños en sus propias experiencias, no importa cuán insignificantes parezcan. Es así que muchos personajes del ATAT Antiguo Testamento todavía sirven como ejemplos hoy en día (ver 1 Cor. 10:6, 11).

7:11-28 La comisión de Esdras

Esta copia de la comisión dada a Esdras por parte de Artajerjes, la cual pudo haber sido redactada por Esdras mismo como respuesta a un pedido específico (ver 7:6), está escrita en arameo (ver sobre 4:8). Esdras debe desempeñar cuatro tareas.
Primera, tiene que encabezar el regreso desde Babilonia a Judá (13). (Este es el tema del cap. 8.) Segunda, tiene que llevar varios presentes y donaciones para el templo (15–20) y una orden a los tesoreros de la provincia Más Allá del Río para que le otorguen ciertos recursos para los servicios del templo. Una copia de esa orden está incluida en el texto de la comisión (21–24). Quizá para asegurarse de que no hubiese ninguna sospecha de irregularidades en la forma en que se llevó a cabo esta medida sensible, los detalles de su cumplimiento se registran en 8:24–30, 33, 34 y 36.
Tercera, tiene que inspeccionar Judá y Jerusalén, conforme a la ley de tu Dios (14). De acuerdo con el contexto, lo más probable es que se refiere a la necesidad de asegurarse de que las subvenciones pa ra el templo se usaban de acuerdo con la ley judía, la cual, de acuerdo con la costumbre en otras partes, hubiera sido reconocida por los persas como la constitución correctamente autorizada para la vida religiosa de la provincia. Es posible que esto sea responsable en parte por la manera en que se solucionó el problema de los matrimonios mixtos (los cuales dominan los caps. 9–10), ya que tales matrimonios hubieran causado problemas en la forma de determinar bajo cuál jurisdicción vivía la pareja.
Finalmente, Esdras tiene que enseñar conformidad con la ley judía a los judíos que vivían fuera de la provincia de Judá (25, 26). Este debe haber sido un asunto muy delicado ya que existía la posibilidad de muchas áreas de conflicto entre la ley de tu Dios y la ley del rey (26). Los judíos de Babilonia ya habían enfrentado esta situación y la habían aceptado. Siendo uno de los maestros principales, Esdras era el mejor candidato para dar estas ins trucciones a otros grupos en condiciones similares. Es un problema que los creyentes han tenido que enfrentar en varias situaciones, de modo que el enfoque de Esdras debe haber sido muy instructivo. De safortunadamente, el silencio de los capítulos siguientes sugiere que la vida no le dio tiempo para cumplir esta parte de su comisión.
Aunque este fue un documento trascendental para la historia del desarrollo del judaísmo, todo lo que la respuesta de Esdras considera en la oración (27, 28) es las medidas que serán de beneficio para el templo —el centro del culto del pueblo— y la expresión del amor infinito de Dios. La situación pudo haber cambiado radicalmente durante los siglos que pasaron desde que Dios llamó a Abraham y le dio sus promesas, pero Dios era todavía Dios de nuestros padres, quien podía mover hasta a un monarca persa junto con sus funcionarios para promover sus propósitos.

8:1-36 El viaje de Esdras a Jerusalén

La mayor parte de este capítulo es un relato relativamente sencillo y directo el cual, como ya se observó antes, llama la atención sobre la obediencia de Esdras a su comisión real. Sin embargo, los tres temas principales de ésta son atribuidos no sólo a sus habilidades sino a la bondadosa mano de nuestro Dios [la cual] estaba con nosotros (18; ver vv. 22 y 31).
En primer lugar, Esdras estaba ansioso de que hubiese levitas (15–20) entre los que regresaban con él (1–14). Ya que el papel que desarrollaban en el servicio del templo era de importancia menor a lo mejor no les atraía mucho regresar a Jerusalén, pero es posible que su presencia en el viaje fuese con siderada necesaria para que correspondiera simbólicamente con el viaje por el desierto después del éxodo (ver Núm. 10:11–28). En esa ocasión ellos también habían estado a cargo especialmente del transporte de los utensilios sagrados.
En segundo lugar, cuando Esdras rechazó la oferta de llevar escolta armada, el hecho de que el viaje terminó sin contratiempos fue atribuido a la bondadosa mano de Dios (21–23). Este aparente alarde precipitado hizo que el pueblo se arrodillara, y su fe recibió la recompensa adecuada. La actitud de Nehemías (ver Neh. 2:9) fue diferente y le recuerda al lector que Dios es capaz de obrar para bien de su pueblo por medios “normales” tanto como por extraordinarios, un principio que llega a su clímax en la encarnación misma.
A veces los creyentes tienen la tendencia a caer en la trampa de pensar que Dios sólo obra en milagros y eventos especiales y considerar que otros procedimientos más mundanos son “menos espirituales”, p. ej.p. ej. Por ejemplo decisiones tomadas por comisiones. Sin embargo, ya que para lograr nuestra salvación Dios se hizo ser humano en la persona de Jesu cristo, es correcto esperar poder reconocer sus obras tanto en el uso consagrado de medios humanos como al pasarlos por alto. Jehovah es el Dios de la vida entera y debemos tener cuidado de no dividir sus acciones por áreas. A la larga, esa decisión sólo llega a excluirle de la mayor parte de nuestras vidas o, en otras palabras, a la hipocresía.
En tercer lugar, el transporte de ofrendas costosas (ver comentario sobre cap. 7) sin la interferencia de bandidos también fue atribuido a la bondadosa mano de Dios. Aquí también los procedimientos de informar detalladamente las cuentas que seguía Esdras demuestran que sería un error decir que se apoyaba un enfoque “espiritual” en lugar de uno “práctico”.
No es sorprendente que los viajeros ofrecieron holocaustos de acción de gracias una vez que llegaron a Jerusalén y reposaron (35). Al llegar tanto tiempo después del primer grupo descubrieron que la idea de un segundo éxodo no era un evento solitario sino una experiencia que compartirían sucesivas generaciones. Su promesa y esperanza no fueron agotadas por el primer grupo que regresó, y tampoco se les culpó a quienes decidieron ir más tarde. Por lo contrario, la posibilidad de liberación y de nueva vida enfrenta a cada nueva generación desafiándola a tomar la decisión correcta.

9:1-15 Informe de matrimonios mixtos y la confesión de Esdras

Han pasado cuatro meses (ver 10:9) y debemos suponer, como lo insinúa 10:3, que Esdras ha comenzado su ministerio de enseñanza, como lo ilustra Neh. 8. De este capítulo y de otras partes también, nos enteramos que pudo aplicar de nuevo las leyes (que a algunos les deben haber parecido anticuadas) a las situaciones nuevas, en particular al poder unir diferentes pasajes de las Escrituras para poder extraer principios teológicos que refuerzan las leyes más antiguas.
El resultado fue que el pueblo aprendió a apreciar que el matrimonio con un extranjero incrédulo en principio no era nada distinto del matrimonio con los habitantes de Canaán que se les había prohibido a sus antepasados. La mayoría de los pueblos mencionados en el v. 1 ya no existían, pero al tomar una variedad de material (inclusive Lev. 18; 19:19; Deut. 7:1–4 y 20:10–18) fue apreciada la relevancia contemporánea de la ley.
La oración de Esdras es una pura confesión. No contiene ningún pedido de perdón ni ninguna otra petición. El clímax es Oh Señor … tú eres justo (15). Aun si Dios decidiese destruir a su pueblo, Esdras re conoce que se justificaría. Se puede decir que esto constituye la forma de adoración más sublime: Alabar a Dios solamente por quien es, y no simplemente por lo que el devoto espera poder recibir de la mano de Dios.
De manera apropiada entonces, Esdras adoptó la posición de quien se pone de luto (3), y de manera representativa rogó por todo el pueblo. Su oración (6–15) nuevamente viene de una variedad de antiguas fuentes bíblicas y pasa del lamento individual al comunal (6, 7), a la reflexión sobre las misericordias actuales de Dios, lo cual hace resaltar la ingratitud del pueblo (8, 9), a confesión específica (10–12), a declaración de futuras intenciones (13, 14) y a una confesión general final (15).

10:1-44 Se resuelve el problema de los matrimonios mixtos

El estilo del liderazgo de Esdras beneficia a quien lo estudia. Como en otras partes (p. ej.p. ej. Por ejemplo 9:1; Neh. 8:1), aquí también esperaba hasta que el pueblo se acercara a él. Por medio de enseñanza, paciencia y ejemplo pudo llevarlos sin coacción a que tomaran por sí mismos la decisión que él consideraba beneficiosa.
La narrativa procede de manera directa y después de considerar todas las circunstancias concomitantes (14) varios hombres — mencionados en la segunda parte del capítulo— deciden divorciarse de sus esposas. La referencia conmovedora a mujeres y niños en el primer y último versículos del capítulo sugiere que el narrador no era incons ciente del costo humano involucrado. La dificultad principal que el lector enfrenta no es el entender qué pasó sino por qué pasó.
Lo principal que se debe apreciar es que en la situación tan precaria en que estaban, la comunidad de Judá necesitaba un seguro sentido de su propia identidad si iba a poder sobrevivir. La comisión de Artajerjes (7:12–26) había provisto a Esdras con la misión de hacer crecer el judaísmo como una comunidad religiosa estricta. Los requisitos para los miembros entonces debían ser definidos nuevamente; de otra manera se corría el peligro de que los elementos característicos de la fe fuesen diluidos pasado el punto en que pudiesen ser reconocidos. Como un principio para el pueblo de Dios, ese punto todavía es válido (ver Mat. 5:13–16), aunque los medios específicos que Esdras adoptó para lograrlo son explícitamente prohibidos para los creyentes (1 Cor. 7; 1 Ped. 3:1–7).
Por esa razón, sería imprudente sugerir que ese grupo de circunstancias históricas particulares ofrece un paralelo directo al problema de un creyente que se casa deliberadamente con un incrédulo. (2 Cor. 6:14 no aborda este tema directamente tampoco, aunque frecuentemente se asume que el principio mencionado se puede aplicar a esa situación.) Sin embargo, este episodio sirve para recordarnos de la primacía de hacer todo lo que uno pueda para fortalecer nuestra propia fe y la de nuestra comunidad y de no ponernos en la clase de situación que nos pueda llevar en la dirección opuesta.

NEHEMIAS
NEHEMIAS

BOSQUEJO DEL CONTENIDO

1:1—7:73    Nehemías restaura los muros de Jerusalén
1:1-11    La vocación de Nehemías
2:1-20    Nehemías llega a Jerusalén
3:1-32    La reconstrucción de los muros
4:1-23    Más oposición
5:1-19    Problemas sociales y económicos
6:1-19    Se completa el muro a pesar de amenazas personales
7:1-73    La necesidad de repoblar Jerusalén

8:1—10:39    La renovación del pacto
8:1-18    La lectura de la ley
9:1-37    La confesión
9:38—10:39    La promesa de obedecer la ley

11:1—13:31    Consolidación
11:1-20    Los nuevos habitantes de Jerusalén
11:21—12:26    Listas suplementarias
12:27—13:3    La dedicación del muro y su secuela
13:4-31    Reformas finales

Comentario

La primera parte del libro de Neh. (cap. 1–7) se dedica casi por completo a la obra de reconstrucción de los muros de Jerusalén por parte de Nehemías. Esto representa el homólogo político o social de las reformas de Esdras en el área religiosa que se acaban de relatar, aunque por supuesto las dos esferas no se pueden mantener completamente ais-
ladas una de la otra. La narración se basa mayormente en el relato del mismo Nehemías en primera persona. La segunda parte del libro (caps. 8–13), toma prestado material de varias fuentes diferentes, y representa el clímax combinado de las obras de los dos reformadores en la renovación espiritual de la comunidad y en asuntos relacionados.

1:1-7:73 NEHEMIAS RESTAURA LOS MUROS DE JERUSALEN
Los eventos relatados aquí se fechan en los años 446–445 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo (cf.cf. Confer (lat.), compare Esd. 1:1), unos 12 o 13 años después de que Esdras llegó a Jerusalén. Solamente se puede especular acerca de lo que pudo haber pasa do mientras tanto (ver sobre 1:4 a continuación). Una vez más, el propósito del redactor es concentrarse en lo que considera momentos teológicamente importantes en la historia de la salvación de su pueblo, acentuando la causa y efecto divinos en lugar de los medios más comunes de unir acontecimientos adecuados como la hace la historia secular.

1:1-11 La vocación de Nehemías

En la posición de copero al rey (11), Nehemías tenía un cargo de confianza en la corte. Se esperaba que sirviera como un compañero discreto, de modo que tenía considerable influencia al poder ser parte de la conversación y dar consejos informales. No hay ninguna indicación al principio de la narrativa de que tuviese intención alguna de abandonar esta posición privilegiada para compartir la suerte de sus compatriotas judíos en la ciudad remota e insignificante de Jerusalén.
Por medio de lo que posiblemente fue una pregunta inocente (2), recibió noticias de una catástrofe reciente. El efecto que tuvo en él fue tan abrumador (4) que no es posible que se refiera a la destrucción de Babilonia 140 años atrás. Lo más probable es que se vea una referencia a los eventos relatados en Esd. 4:7–23 que se incluyen en ese pa saje estrictamente por seguir el orden cronológico estricto. No sabemos si Esdras todavía estaba presente en Jerusalén en esos momentos (que haya participado en el fracasado intento de reconstruir los muros parece muy improbable), pe ro si lo estaba, es fácil entender por qué hubiera sido imposible de allí en adelante completar los términos de su comisión (ver comentario sobre Esd. 7:25).
La reacción de Nehemías al escuchar las noticias indica su reconocimiento de que Dios le estaba llamando a una clase de servicio completamente diferente, para el cual su posición y experiencia lo habían preparado en forma única. Esto lo demuestra especialmente su sentido de identificación con su pueblo (4, 6, 7) y el hecho de que oró acerca de la situación por cuatro meses (2:1). (Obviamente, el relato que tenemos aquí es solo un resumen.) Un período de espera tan largo indica que tenía fe en la realidad de su llamado y también una dedicación completa.
La oración de Nehemías (5–11), que depende grandemente de la gran tradición litúrgica de Israel, se enfoca primeramente en el Dios de los cielos, y de allí sigue directamente a la confesión de pecado personal y nacional (6, 7). Sólo entonces llega al resumen de las promesas del pacto de Dios (8, 9) como base para la petición en dos partes: en general por la restauración de las fortunas del pueblo y en particular por la manera apropiada de acercarse al rey. Si tenemos razón en ver la relación con Esd. 4, entonces el v. 21 de ese capítulo muestra tanto el peligro potencial que ello conllevaba como también la oportunidad que representaba. Con tanto en juego, Nehemías, en otras ocasiones siempre una persona de acción, sabiamente deja los detalles del momento y manera adecuadas de hablarle al rey en las manos de Dios.

2:1-20 Nehemías llega a Jerusalén

Las citas paralelas a los enemigos de Nehemías en los vv. 10 y 19, 20 claramente dividen este capítulo en dos partes. En la primera, Nehemías actúa con la confianza que procede de la convicción de que Dios está en camino a responder a la oración; en la segunda, cuando empieza a enfrentarse con lo desconocido, muestra una cautela admirable.
2:1–10 Nehemías y el rey. No está claro si Nehemías deliberadamente pone una expresión de tristeza para que el rey empiece una conversación personal con él (1, 2). En todo caso, la reacción inicial (3) era suficientemente ambigua de modo que Nehemías decidió probar si este era el momento que Dios había preparado. Tomando la próxima pregun ta del rey como señal de que lo era, reunió todas las oraciones de los últimos meses (4) y al mismo tiempo hizo su pedido. Cuando se le recibió favorablemente (6) siguió adelante con audacia explicando en términos específicos lo que también necesitaba. ¡Qué buena ilustración del equilibrio entre confianza en la soberanía de Dios —con la oración como reacción adecuada— y la responsabilidad humana, con su homólogo en el planeamiento cuidadoso! También debemos observar que Nehemías no tenía ninguna duda de que Dios podía usar medios hu manos para abastecer lo que necesitaba (8).
Notas. 10 A Sanbalat, el enemigo acérrimo de Nehemías, se le conoce por un documento descubierto en Egipto que dice que fue el gobernador de Samaria y que dio a sus hijos buenos nombres ba sados en el nombre de Jehovah. Podemos especular que después de la debacle de Esd. 4, se le dio jurisdicción temporal sobre Judá y esa puede ser la razón por sus celos de Nehemías. Tobéas tenía cone xiones personales dentro de Jerusalén (cf.cf. Confer (lat.), compare 6:17–19; 13:4, 5); ¿pudo haber sido el asistente de Sanbalat en Jerusalén durante el interregno?
2:11–20 Nehemías inspecciona los muros de Jerusalén. Al llegar a Jerusalén Nehemías probó su vocación con cautela. Primero, se dedicó físicamente a la tarea que lo desafiaba, pero en secre to (11–16), sin duda “calculando el costo” de un proyecto tan trascendental (cf.cf. Confer (lat.), compare Luc. 9:57–62; 14:28–32). Segundo, con más que una insinuación que era Dios quien lo había enviado, invitó al pueblo a que cooperara en el cumplimiento de su llamado (17, 18). La respuesta unánime confirmó que estaba en el curso correcto. La vocación individual de uno generalmente halla esa clase de confirmación en la comunidad de fe (Hech. 13:1, 2). Fi nalmente, no permitió que la oposición se desviara, sino que respondió con la declaración de la razón por la cual había sido llamado, y dejó los resultados en manos de Dios quien había iniciado la tarea (19–20).
Nota. 19 Descubrimos por medio de inscripciones que Gesem el árabe fue un rey poderoso del desierto cuya influencia se extendía alrededor de la mayor parte de las fronteras al sur y al este de Judá. No es tan claro qué lo motivó a oponerse a Nehemías (aunque lo es en el caso de Sanbalat y Tobías), y no se le menciona tanto como a los otros.

Reconstrucción probable de Jerusalén como fue reedificada por Nehemías en el siglo V a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo

3:1-32 La reconstrucción de los muros

Esta lista de los dedicados a la reconstrucción de los muros de Jerusalén tiene como punto de referen cia la tarea ya completa, un punto al cual no se llega en la narrativa hasta 6:15. Aunque no se refiere a Nehemías directamente, no debemos dudar que ilustra su habilidad para la organización y el liderazgo. Va de sección en sección alrededor del muro en dirección opuesta al reloj comenzando y terminando en la puerta de las Ovejas (1, 32) en el rincón nordeste. Desde el v. 16 en adelante, la naturaleza de la descripción cambia un poco. Esto se de be probablemente a que hasta este momento los constructores habían estado siguiendo el contorno de un muro más antiguo, pero de este punto en adelante trazaron una línea nueva. La destrucción jun to a la cuesta empinada al este de la ciudad, con vista al valle Quedrón parece haber sido tan completa (ver 2:14) que, para ahorrar tiempo, se tuvo que mover el muro hacia la parte más alta de la cuesta; note las referencias a los que por consecuencia terminaron edificando junto a sus propias casas (23–30).
El cuadro total que emerge es instructivo. Demuestra primeramente una unidad de intención por parte del pueblo, 40 secciones aparentemente trabajaban simultáneamente. Esto no pudo haberse logrado sin buena supervisión, estrecha cooperación y poniendo atención a lo que se hacía en las secciones próximas. En segundo lugar, por el otro lado, los intereses y motivos de los que trabajaban diferían considerablemente. Algunos trabajaban con base en asociaciones de familia, otros como personas individuales, algunos en asociaciones territoriales, otros en base a su posición en la sociedad, y aun otros debido a sus conexiones profesionales. Lo que es más, en varios casos se empleaba a la gente para que trabajara en el tramo de muro en el cual tenía intereses creados. Estas dos observaciones sirven de ilustración útil de la unidad y diversidad que debería ser característica de la obra de la iglesia (cf.cf. Confer (lat.), compare p. ej.p. ej. Por ejemplo Rom. 12:3–8; 1 Cor. 12:4–27; Ef. 4:1–13). Finalmente, el desafío es notar los diferentes niveles de dedicación. Algunos se negaron a participar completamente (5); la mayoría parece haber completado la tarea que se les asignó; pero algunos hasta se las arreglaron para terminar otra sección más (1, 19–21, 24, 27 y 30).

4:1-23 Más oposición

Vale la pena observar que cada etapa de la actividad de Nehemías fue enfrentada por alguna oposición, y cada vez se la introduce con la fórmula “cuando fulano de tal oyó … ” (cf.cf. Confer (lat.), compare vv. 1, 7; 2:10, 19; 6:1, 16). Mientras la obra progresaba la oposición se hacía más feroz y la descripción de la reacción más detallada.
4:1–5 Burla. Sanbalat y Tobías amplifican la burla de 2:19 para desmoralizar a los trabajadores (5) y para tranquilizar a sus compañeros (2). La respuesta de Nehemías (4, 5) fue encomendar el problema a Dios en oración, lo cual es admirable, y por ese modo se dio cuenta de que los insultos eran dirigidos contra Dios y contra él y que la justificación debería provenir de su Señor y no de sus propios esfuerzos. No obstante, los sentimientos que él expresó han sido suplantados para el cristiano (ver p. ej.p. ej. Por ejemplo Mat. 5:43–48; 18:21, 22; Rom. 12:14–21), para quien la obra de Cristo ha provisto la seguridad de la victoria final del amor que Nehemías no podía haber conocido.
4:6–23 Intimidación. Para cuando la obra estaba a medio camino, Nehemías enfrentó una doble crisis. Por un lado, su grupo de obreros estaba en peligro de desmoralizarse debido tanto a las dimensiones de la obra (10) como también a las súplicas de parientes quienes, viviendo en las aldeas del alrededor, estaban conscientes de los preparativos del enemigo de modo que seguían rogándole a los hombres que volvieran a casa (11, 12). Por el otro lado, las fuer zas aumentadas del enemigo amenazaban atacar en cualquier momento (7). Es difícil decir si ésta era una amenaza genuina o no (su lega lidad de acuerdo con las reglas del Imperio Persa es dudosa), pero para quienes acababan de presenciar la debacle de Esd. 4:23 aun la remota posibilidad que la historia se repitiese hubiera sido inquietante.
La respuesta de Nehemías a estos problemas es un modelo de liderazgo perceptible. El mostró flexibilidad con sentido común al interrumpir la obra un tiempo suficientemente breve como para reunir y ani mar al pueblo (13, 14; ver a continuación) y para instalar nuevos sistemas de seguridad (16–20). Luego animó a la gente apelando a la tradición, utilizando métodos y formas de expresión que habían sido eficaces en la historia del pasado de Israel. Esto no se puede documentar completamente aquí, pero compare los ejemplos del v. 14 con Exo. 14:13, 14, el v. 15 con Exo. 15:14–16, y el v. 20 con Exo. 14:14 y Jue. 6:34. Al imponer un marco interpretativo familiar sobre el sentimiento de confusión de su pueblo, Nehemías pudo cambiar aun el mie do y el sentido de debilidad que tenían a una base para la fe. Finalmente, él mismo dio el ejemplo como lo acentúan los últimos versículos del capítulo.
Notas. 12, 13 La traducción de estos versículos es incierta. Sería más claro si leyera: “Cuando vinieron los judíos que habitaban cerca de ellos y nos di jeron vez tras vez por todas partes ’Deben venir a nosotros’, entonces tomé mi posición en las partes más bajas del espacio detrás de la muralla en la parte desprotegida y distribuí al pueblo por fami lias con sus espadas … ” En otras palabras, Nehemías juntó y animó al pueblo en la forma del antiguo ejército conscripto de Israel y les habló de manera similar a la que utilizaron Moisés, Josué y otros de los grandes líderes cuando estaban enfrentados por enemigos cuyos números eran aparentemente abrumadores. 16 Mis hombres no se refiere a los trabajadores en general sino a un grupo más pequeño de hombres bien entrenados quienes, por cualquier razón, eran fieles a Nehemías (cf.cf. Confer (lat.), compare 5:10 y 16).

5:1-19 Problemas sociales y económicos

Aunque no está dicho explícitamente, parece probable que la necesidad de traer gente del campo para trabajar en los muros durante el verano (cf.cf. Confer (lat.), compare 6:15) llegó a un punto crítico de la economía que pudo haber estado creciendo por bastante tiempo. El párrafo final del cap. (14–19), sin embargo, viene de un período mas reciente, pero ha sido incluido aquí porque está relacionado con el mismo tema.
5:1–13 Se resuelven los problemas de deudas. Se dan detalles de tres diferentes tipos de quejas en los vv. 2–4, mientras que el v. 5 probablemente sirve de resumen para los tres. La mención de sus mujeres (1) puede que indique que ellas estaban más conscientes de la catástrofe que se venía acercando porque tenían que arreglárselas en casa mientras sus esposos estaban en Jerusalén.
El primer grupo (2) eran familias que no eran dueñas de tierra, de modo que eran las primeras en sentir los efectos de la falta de ingresos mientras se dedicaban a construir el muro. El segundo grupo (3) ya estaba hipotecando su tierra y estaban por perder todas las garantías de seguridad si no podían pagar sus deudas con la cosecha anual, mientras que el tercer grupo (4) aparentemente estaban pidien do dinero prestado para poder pagar sus impuestos. Para todos ellos, el sentimiento de injusticia social se iba empeorando por el hecho de que sus acreedores eran también judíos (1, 5) y que es taban llegando al punto de tener que venderse ellos mismos a la esclavitud.
Aunque no eran ilegales de por sí, estas prácticas se permitían sólo como medidas a corto plazo, y la ley trataba de proteger los intereses a largo plazo de los más pobres (por ej. Exo. 21:2–11; Lev. 25; Deut. 15:1–18). Pero en la emergencia actual inesperada, nada de eso podía ayudar y, además, lo que estaba pasando iba en contra de la ética que Nehemías quiso fomentar (6–8). Por lo tanto él puso presión moral sobre los acreedores al enfrentarlos públicamente y al reconocer con franqueza sus propios defectos en este asunto (10). Así hizo parar todos los argumentos legalistas para que se mantuviese el espíritu moral de la ley, muy parecido a lo que hicieron algunos de los antiguos profetas.
5:14–19 El ejemplo personal de Nehemías. Para ilustrar el principio que dentro de la comunidad se debe preferir la generosidad a la ganancia personal, Nehemías reflexionó sobre su práctica a través de su término de 12 años como gobernador (de lo que nos enteramos por primera vez ahora; 14). Este es un período considerablemente más largo del que se preveía en 2:6 y no sabemos casi nada de lo que pasó después del primer año. Nuevamente se acentúa el hecho de que los relatos bíblicos son característicamente muy selectivos.
Nota. 19 Esta es la primera oración característica de Nehemías del tipo “Acuérdate”; ver 6:14; 13:14, 22, 29, 31. Esta, como la mayoría, provienen de la era después de la construcción del muro y parecen indicar que, al recordarlo muchos años más tarde, Nehemías había llegado a la conclusión de que no se le había hecho justicia a él por parte de la comunidad a la cual quiso servir.

6:1-19 Se completa el muro a pesar de amenazas personales

Los tres párrafos en este cap. están bien marcados y tienen que ver con un tema similar dadas las referencias a la intimidación en los resúmenes finales (9, 14, 19). Sin embargo, a diferencia del cap. 4, Nehemías mismo empezó a recibir amenazas. A pesar de eso, la obra llegó a su conclusión triunfante (15, 16).
6:1–9 Sanbalat trata de eliminar a Nehemías. Cuando el intento inicial para conseguir una reunión con Nehemías le falló (2–4), Sanbalat recurrió a una forma de chantaje medio disfrazada (5–7). No hay ningún motivo para suponer que sus acusaciones tenían base alguna, pero él pudo haber pensado que los acontecimientos recientes de Esd. 4 hu bieron estado suficientemente frescos en la memoria de los socios de Nehemías como para hacerles poner presión para que Nehemías buscara un término medio.
6:10–14 Tobías busca desacreditar a Nehemías. Los contactos de Tobías en Jerusalén (17–19) lo prepararon para que fuera el protagonista principal de este episodio. Varios de los detalles son oscuros, pero el propósito parece haber sido seducir o asustar a Nehemías para que entrara no sólo en el templo sino en el santuario mismo. Aun si hubiera salido vivo, su entrada ilegal como laico en el lugar santo (el cual estaba reservado para los sacer dotes) hubiese hecho una división entre Nehemías y el sacerdocio influyente. Aparte del hecho de que el propuesto curso de acción no era típico de una persona como Nehemías (11), la mera insinuación (13) fue suficiente para avisarle que era imposible que esta palabra profética hubiera venido de Dios.
6:15–19 Se completa el muro. El punto central de este párrafo viene en los vv. 17–19, cuya introducción, cronológicamente imprecisa (en aquellos días), muestra que marca un punto de transición del relato de la construcción del muro al resto de la narrativa que se interesa con reformas internas en Judá. De manera apropiada, los protagonistas destacados aquí eran los principales de Judá, quienes hu bieran deseado mantener buenas relaciones con sus vecinos por razones comerciales y también razones sociales más personales.
No obstante, no podemos pasar por alto lo mucho que se logró hacer aunque el v. 15 lo introduce modestamente. La reacción adecuada se reserva para las naciones del alrededor (16), lo que señala la realización de la súplica de Nehemías en 2:17. No hay pausa aquí para felicitarse a uno mismo. El muro se considera nada más que un marco institucional; lo que importa es la actitud y las actividades del pueblo que vive detrás de él y ya el fin del capítulo indica que hay peligro en esta área. De esa manera la narrativa señala hacia el futuro y la necesidad de las reformas que vendrán a continuación.

7:1-73 La necesidad de repoblar Jerusalén
Reconociendo los peligros ya mencionados, Nehemías primeramente adoptó medidas a corto plazo para mantener la seguridad de la ciudad (1–3). A largo plazo, sin embargo, lo que se requería era una población vital dedicada a las normas y principios que Nehemías defendía. Por lo tanto, él recurrió a lo que puede parecer una medida un tanto drástica al organizar el movimiento de un grupo bastante grande de personas del campo a la ciudad. Como base para esto decidió utilizar la lista de los que habían regresado a Jerusalén primeramente (cf.cf. Confer (lat.), compare Esd. 2). Aunque sabemos que mientras tanto otros grupos habían regresado también, la repetición de la lista en el contexto actual hace esta observación teológica importante: Los que deben poblar la ciudad de Dios están en directa continuidad con la comunidad que anteriormente había participado en la redención de Dios en el “segundo éxodo”.

8:1-10:39 LA RENOVACION DEL PACTO
La narrativa del cap. 7 no se reanuda hasta el cap. 11. En medio vienen tres capítulos importantes que tienen que ver con la restauración espiritual de la comunidad bajo el liderazgo compartido de Esdras y Nehemías. Si el cap. 7 ya ha demostrado que ladrillos y cemento por sí mismos no son capaces de asegurar el futuro, entonces estos capítulos indican que no es suficiente tampoco llenar la ciudad con gente de cualquier clase. Sólo un pueblo que ha experimentado la redención y el reavivamiento de Dios, al cual se le ha confiado la ley de Dios (cap. 8), que reconoce su dependencia de él (cap. 9) y que se ha dedicado completamente a vivir en fiel obediencia (cap. 10) puede asegurar que las estructuras institucionales que se han establecido servirán para el propósito verdadero.

8:1-18 La lectura de la ley

La reaparición de Esdras en este capítulo trae problemas. La narrativa ha avanzado unos 13 años desde que hizo su viaje a Jerusalén con el libro de la Ley, y en todo ese tiempo no se ha dicho nada de él. ¿Se supone que nos imaginemos que esperó hasta que la obra principal de Nehemías fue completada para comenzar el propósito principal de su misión? ¿O hay alguna otra explicación?
En este caso hay oportunidad para diferentes puntos de vista, así que cualquier sugerencia que se proponga se debe hacer con cuidado. También vale la pena observar que en este momento nos despedimos del relato de Nehemías mismo (se reanuda en 12:31) y que el relato en este capítulo tiene características que lo conectan más bien con las fuentes de Esdras en Esd. 7–10. De modo que es atractivo suponer que este relato de la lectura de la ley por parte de Esdras perteneció alguna vez al resto del material de Esd. Originalmente pudo haber es tado ubicado entre Esd. 8 y 9, y tal vez el redactor de los libros lo movió a la posición actual tanto para acentuar el significado teológico ya mencionado en la introducción a Neh. 8–10 como también para demostrar cómo la obra de los dos reformadores debe ser considerada una acción divina de restauración del pueblo de Dios pero en dos partes. La dación de la ley debe ser considerada como un acto de gracia al clímax del programa de restauración y no como la condición que se tiene que cumplir antes de ser restaurados. Vimos en Esd. 4 cómo a veces estos libros dejan de lado la cronología estricta para dar lugar a consideraciones de temas especiales.
Cualquiera que haya sido su origen, el capítulo en su forma actual tiene importantes lecciones acerca de la enseñanza y recepción de la ley por parte de la comunidad de fe.
8:1–6 Se lee la ley. Este párrafo muestra la excelente combinación que hace un pueblo ávido de aprender y un maestro dispuesto a enseñar. La iniciativa vino de parte del pueblo al invitar a Esdras a traerles la ley (1); la comunidad entera, acentúa el v. 2, se congregó para escucharla; había un sentido de anticipación reverente mientras esperaban que se le yera (6); y escucharon atentamente toda la larga exposición (3). Como muestra la secuela, esa clase de disposición permite que la palabra de Dios tenga el impacto máximo sobre los oyentes.
Por su parte, Esdras no sólo respondió inmediatamente al pedido del pueblo (2) sino que decidió no hacerlo en el pórtico del templo sino en un lugar más accesible a todos (3), a plena vista (4) para que no se le impidiera a nadie estar presente. Además, decidió rodearse de laicos en esta empresa (4). Parece que estaba deseoso de evitar que se formara la impresión de que la ley era la propiedad privada de profesionales religiosos.
8:7–12 Se interpreta la ley. Hay un contraste chocante entre las dos partes de este párrafo, el “entendimiento” de la ley (8, 12) al principio causó que el pueblo llorara (9) y después que celebrara con regocijo (12). La primera reacción no la explica probablemente el hecho de que la ley era desconocida por ellos, sino que la interpretación que Esdras y los levitas proveyeron (7, 8) de manera imprevista les hizo darse cuenta de la relevancia para su situación. Como vimos que fue el caso en Esd. 9:1, 2, Esdras (quizá por primera vez) creó un medio para interpretar las Escrituras por el cual las partes que se pudieran haber considerado anticuadas fueron utilizadas para revelar los principios subyacentes de la voluntad de Dios que tenían relevancia en cualquier época. El resultado fue que conmovió la conciencia del pueblo y se dieron cuenta de cuánto se habían alejado de las normas de Dios.
Sin embargo, éste no es ni es el mensaje único ni el dominante de la ley del ATAT Antiguo Testamento ni de las Escrituras enteras. Al recordarles que éste era un día santo (9, 11) —el día en que debían recordar especialmente los actos de gracia y salvación de Dios para con Israel— y que el gozo de Jehovah era la fuente de su fortaleza (10) al unirse por la fe a la experiencia de sus antepasados, Esdras puso el sentido legítimo de haber fallado dentro del contexto más amplio de la gracia e invitación de Dios. Hay un lugar adecuado para la confesión (cap. 9), pero la primera reacción al escuchar la palabra de Dios debe ser el escucharla con alegría (10, 11). Ejemplifica la respuesta parecida a la de Hech. 2:37–39. También ilustra la verdad de que la doctrina correcta de la autoridad de las Escrituras no es suficiente. Si va a ser eficaz necesita la interpretación que es fiel a la tradición de la que deriva. También requiere la aplicación reverente de la razón para discernir la relevancia permanente que tenga para las circunstancias variables de cualquier comunidad contemporánea.
Nota. 10 Les dijo, por el contexto, lo más probable es que se refiera a Esdras.
8:13–18 Se aplica la ley. Después de la aceptación general de la ley por parte de la comunidad, los jefes vuelven a Esdras para recibir instrucción más detallada (13). En vista de la época del año, el pasaje más relevante debe haber sido Lev. 23, el cual legisla la celebración de la fiesta de los Tabernáculos (cabañas, 14). El hecho de que mandaron pregonar (15) indica el resultado de la obra de interpretación de Lev. 23:4. Los árboles en la lista no están mencionados en la ley (la frase como está escrito califica solo las palabras para hacer cabañas), pero testifica acerca del deseo de poner en práctica el mandamiento general de la ley. En todo esto, el pueblo se regocijó en poder observar con entusiasmo los requisitos detallados ahora que se habían dado cuenta de su relevancia (16–18). El v. 17 nuevamente sugiere que parte del gozo se debía a que apreciaban con nuevo estímulo la tradición histórica.

9:1-37 La confesión

En la estructura de los caps. 8–10 la lectura de la ley (cap. 8) da paso a la confesión (cap. 9) que es la preparación para la nueva promesa de obedecer la ley (cap. 10).
9:1–5 La reunión para la confesión. La observación llamativa de este párrafo es la ausencia de los nombres de Esdras y Nehemías. El énfasis cae sobre cada persona que aceptó una porción de la responsabilidad por los pecados pasados y la precaria situación actual por medio de palabras, actitud (1) o acción (2). De manera apropiada, fueron dos grupos de levitas desconocidos quienes estu vieron a cargo de la adoración y la confesión de la congregación (4, 5).
9:5b–37 La oración de confesión. La confesión genuina procede de un nuevo aprecio de quién es Dios, y ese es el mismo sentimiento que ocasiona esta oración. Desde el principio de la creación, Dios se ha revelado a sí mismo como el que es digno de toda bendición y alabanza (5b). Sólo él es Dios, como lo demuestra la creación (6); escogió a Abram, por su propia voluntad le prometió una tierra y demostró que es justo al cumplir su palabra (7–8); y probó que era digno de tal fama (nombre, 10) al rescatar a su pueblo en el éxodo y en el mar Rojo (9–11). Estas tres primeras secciones de la oración por lo tanto hablan en términos no califica dos de la bondad y gracia de Dios, y proveen la base para el contraste repentino que la comunidad sentía en las circunstancias actuales como lo dicen los últimos versículos de la oración (32–37), donde se repiten varios términos clave de la primera sección.
La jornada por el desierto (12–21) comienza una nueva estrofa. Junto con las bondadosas y constantes provisiones de Dios (12–15) el pueblo comenzó a rebelarse (16–18). Sin embargo, esto sirvió para revelar otra característica de Dios, su misericordia (17b), porque a pesar de todo siguió proveyendo y manteniéndolos (19–21), y finalmente, los llevó a la tierra que había prometido hacía tanto tiempo (22–25).
La imagen de la vida en esa tierra (26–31) está influenciada por el modelo que recurre a través del libro de Jue. y hasta cierto punto en Rey. No podemos identificar aquí acontecimientos específicos; por lo contrario, el enfoque se pone en el modo de ser rebelde del pueblo y en la reacción de Dios a éste. Tres veces se cuenta que fueron desobedientes y por eso fueron entregados en manos de sus enemigos (26, 27a; 28a; 29, 30). En los prime ros dos casos clamaron a Dios, quien en su compasión los rescató (27b, 28b). Ese elemento de la serie no se repite la tercera vez, probablemente porque los vv. 29–31 hablan de las conquistas babiló nicas y del exilio, una condición que desde el punto de vista teológico todavía estaba en vigor cuando se oraba esta plegaria; no se podía considerar que la restauración era completa porque la opresión ex tranjera continuaba (36, 37).
En cambio, en un movimiento dinámico del punto de intercesión, el informe esperado del clamor del pueblo a Dios se sustituye con la oración a tal efecto, comenzando con el v. 32. Visto al lado de to do lo que ha pasado antes, esto llena el aire con una atmósfera de esperanza de que Dios reanudará su intención de rescatar a su pueblo del estado de esclavitud actual, y que les permitirá nuevamente ser libres en la tierra que Dios les había dado en fidelidad a su promesa original. De modo que la confesión del pueblo es un paso vital hacia la restauración que es el tema de este capítulo como un todo.

9:38-10:39 La promesa de obedecer la ley

En este capítulo la comunidad hace un convenio firme (1) de obedecer varios aspectos de la ley, en su mayor parte (pero no completamente) relacionados con el apoyo del templo y sus cultos (29–39). En su contexto actual como parte del clímax de la obra combinada de Esd. y Neh., sirve para demos trar la sinceridad del pueblo al prometer vivir una vida digna de quienes han participado en la gracia restauradora de Dios. Es una respuesta a lo que Dios ha logrado para ellos, pero no es la condición necesaria para que sean restaurados.
Igual que los dos capítulos anteriores, la situación histórica original es incierta. Muchos eruditos han observado que la mayoría de los puntos específi cos del convenio parecen hacer permanente el evitar los abusos con los que Nehemías tenía que tratar en forma fragmentaria en el cap. 13, y por eso concluyen que la promesa de este capítulo debe haberse formulado más tarde. En ese caso, el último redactor del libro nuevamente debe haber agrupado su material por temas y no en orden cronológico estricto. Vea los comentarios preliminares de los caps. 8–10 y del cap. 8, y note que la narra tiva que se interrumpió después del cap. 7 finalmente se reanuda en el cap. 11, indicando que los caps. 8–10 se deben tratar por separado.
10:1–28 La lista de firmantes. Esta lista (que en el texto heb. interrumpe una oración individual formada de 9:38 y 10:28, 29) comprende una acumulación amplia de la mayoría de los nombres y títulos de la gente que se conoce de otras partes en estos libros y que tenían buena reputación. Lo importante parece ser que cada persona tiene la responsabilidad de decidir por sí misma si aceptará los valores que caracterizan a la comunidad.
10:29–39 Los detalles del convenio. El v. 29 declara en forma general que el pueblo tiene la intención de aquí en adelante de obedecer la ley de Dios, y los siguientes versículos detallan lo que es to significa en circunstancias específicas (sin duda las que se habían dejado de hacer últimamente). Una declaración imprecisa de las buenas intenciones no es suficiente: La confesión de fe se tiene que trasladar a un estilo de vida práctico con cambios visibles.
Los detalles de las cláusulas individuales del convenio y su relación con las leyes del Pentateuco son complicados y no se pueden describir ampliamente aquí. El punto principal que se debe no tar es que todos tienen conexiones con la ley escrita, pero muestran la misma clase de actividad de interpretación, clarificación y actualización que hemos visto era la marca de las enseñanzas de Esdras. Está claro entonces que los líderes de la comunidad habían aceptado el nuevo modo de enseñanza que él había introducido.
11:1-13:31 CONSOLIDACION

11:1-20 Los nuevos habitantes de Jerusalén

El comienzo de este capítulo reanuda la narrativa que se interrumpió al final del cap. 7. Sin embargo, no parece provenir del relato propio de Nehemías sino de alguna otra fuente. Esto indica que aunque gran parte del libro presenta el curso de acontecimientos desde el punto de vista de una persona, mu chos de los elementos principales de su programa fueron compartidos o adoptados por varios de sus contemporáneos.
El problema de la población de Jerusalén reducida anteriormente fue resuelto echando la suerte (un sistema que, bajo la supervisión de los sacerdotes, se creía que revelaba la voluntad de Dios; ver 10:34). Una décima parte (o el diezmo; ver 10:37, 38) del pueblo estuvo de acuerdo en mudarse del campo a la ciudad (1, 2). Sus nombres fueron registrados con gratitud (3–19) porque en el caso de va rios de ellos debe haber implicado bastantes inconvenientes. El v. 20 es una conclusión obvia para esta lista en particular.
La mayoría de la lista hace juego con la de 1 Crón. 9:2–17, y al compararlas cuidadosamente se nota que ninguna ha preservado la lista entera original. Más allá de observar el orden general (hijos de Judá, 4b–6; hijos de Benjamín, 7, 8; líderes seculares, 9; sacerdotes, 10–14; levitas 15–18; porteros, 19), debemos prestar atención a los detalles. Es interesante fijarse en que la clase de vocabulario que se utiliza en la descripción tiene un sabor militar (por ej. en los vv. 6, 9 y 14); el propósito defensivo de la operación aparentemente nunca se olvidó.

11:21-12:26 Listas suplementarias

Después de la conclusión natural de la lista principal en 11:20 (y observe cómo lleva naturalmente a la próxima narrativa en 12:27), se ha tomado la oportunidad de añadir algunas otras listas que no están directamente asociadas con la cuestión de la población de Jerusalén. En 11:21–24 se suplementa la lista principal, 11:25–36 cataloga algunos de los poblados fuera de Jerusalén, y 12:1–26 combina varias listas de sacerdotes y levitas. Así que aunque este material no está directamente relacionado con la historia central de esta parte del libro, contribuye en su propia manera a la imagen de una co munidad que se estaba organizando de nuevo.
Un análisis detallado de esta sección sería muy difícil de intentar aquí, pero varios asuntos más amplios merecen comentario. Primeramente, la lis ta de poblados en 11:25–36 es más extensa que la provincia de Judá en ese período. Parecería que mira hacia los días gloriosos del pasado melancólicamente (ver Jos. 15) y por lo tanto intenta estimular las esperanzas de un futuro mejor por venir. La discrepancia entre la realidad actual y el movimiento amplio de las promesas de Dios es un elemento vi tal en la fe del pueblo de Dios en cualquier época, como explica claramente Heb. 11:13–16.
En segundo lugar, 12:1–26 nos presenta un resumen inicialmente extraño de la perspectiva histórica, en el cual la generación del primer retorno y la de Esdras y Nehemías son colocadas paralelamente. Superficialmente se debe al v. 26 (Jesúa era el sumo sacerdote cuando se construyó el segundo templo; cf.cf. Confer (lat.), compare Esd. 3:2 y 5:2), pero de hecho la lista de sacerdotes y levitas que se dio antes también viene de esas dos generaciones. Tal reducción en la presentación de listas por razones teológicas era una práctica aceptable en aquel entonces, y ocurre también en el NTNT Nuevo Testamento (ver Mat. 1:1–17). Lo que sugiere es que debajo de las complicaciones del proceso histórico cuando se le ve del punto de vista humano, la mirada de fe puede discernir la ordenada sucesión de las obras de la voluntad divina.
Nota. 12:22 Darío el persa: Este título sin precedente parece referirse a Darío I (durante el reinado del cual se reconstruyó el templo) y tal vez designado para distinguirlo de “Darío el medo” el personaje un poco más misterioso de Dan. 5:30 quien aparentemente precedió a “Ciro el persa” (Dan. 6:28).

12:27-13:3 La dedicación del muro y su secuela

Finalmente llegamos a lo que parece ser el clímax de la carrera de Nehemías, la dedicación del muro, cuya construcción dominó la primera parte del libro. La información del relato personal del mismo Nehemías ha sido unida a la de otros documentos para presentar esta versión combinada de la celebración unida por parte del pueblo. Se formaron dos procesiones iguales (31–36, 38, 40–42), y después de salir de la ciudad fueron en diferentes direcciones, cada una marchando alrededor de media ciudad antes de entrar de nuevo y unirse para un servicio de alabanza unido en el templo (40). El én fasis en el intenso regocijo en el v. 43 no tiene igual, lo cual es un buen recuerdo de la verdad bíblica de que la posibilidad de tal regocijo puede servir legítimamente para esforzarnos durante períodos difíciles (ver Rom. 5:2–5; 8:18–25; Heb. 12:2).
A diferencia de los cuentos de hadas, la conclusión de este libro no es “y vivieron felices para siempre”. El texto se apresura (Aquel día, 12:44; 13:1) a tratar asuntos que uno tendría la tentación de desechar rápidamente como de rutina, a saber, los arreglos financieros que se habían hecho para los servicios normales del templo (12:44–47) y para la purificación de la congregación en obediencia a la ley de Dios (13:1–3). Sin esa clase de rutina, parece insinuar el autor, no se puede mantener ni el gozo de un solo día. Aunque generalmente es el vértice del éxito lo que uno recuerda más, lo que realmente mide el progreso espiritual tanto del individuo como de la comunidad es hasta qué punto se ha transformado lo que se hace pasar por “lo normal”. La forma de la narrativa en esta sección enfáticamente afirma que sin tal progreso en la forma de ver lo corriente, cualquier recuerdo de clímax o celebración se desvanecerá rápidamente, dejando sólo memorias deslucidas.

13:4-31 Reformas finales

El libro de Neh. parece que se va agotando hacia el final en lo que uno consideraría una manera bastante desagradable, y en lugar de terminar en una no ta alta, desaparece como un suspiro. Todos los abusos que se tratan en este último capítulo ya se trataron anteriormente, pero tienen que mostrar sus caras una vez más a pesar de los mejores es fuerzos que los reformadores hicieron para erradicarlos. Sólo de paso nos enteramos de que la situación es el segundo período de Nehemías como gobernador (6, 7), así que puede ser que han pasado hasta 15 años desde que leímos la parte principal del libro (ver 5:14), aunque las notas cronológicas de los vv. 4, 6, 15 y 23 parecen tocar esto muy por encima. Es como si el libro señalara su propio fracaso, haciéndonos recordar que por importante que sea tener buenas estructuras y rutinas (como se acaba de observar), nada puede sustituir la renovación de las inclinaciones perversas naturales del corazón humano.
La descripción ideal de 12:44–13:3 tenía que ver con el cuidado y mantenimiento de los cuartos, ser vicios y personal del templo y con la pureza de la comunidad. El resto del cap. 13 acentúa mayormente los defectos en las mismas áreas, de la primera en los vv. 4–14 y de la segunda del v. 15 en adelante (aunque se admite que la cuestión de la obediencia al sábado, vv. 15–22, no está tan estrechamente vinculada con el resto). El estilo de la escritura es tan colorido y dinámico como siempre, y en general la narrativa no necesita comentarios adicionales. Solo en cuanto a la repetición del problema de matrimonios mixtos (23–27) es necesario observar que el problema parece haber afectado a una región nada más; los niños que hablaban el idioma de Asdod (24) sugiere que fue restringido mayormente a los que vivían en la frontera occidental de la provincia de Judá. Ya se ha decidido la cuestión fundamental por parte de Esdras (y Nehemías la resumió brevemente en el v. 25; ver Esd. 9:2, 12). Esto le permitió a Nehemías resolver los casos de abusos individuales en una base de uno por uno (¡aunque siempre con la franqueza característica!).
Detrás de este capítulo se descubre la preocupación por la identidad distintiva de la comunidad. La dura oposición externa la puso en peligro al tentarla a diluir su testimonio y hacerla ineficaz. En tonces, eran esenciales un enfoque firme y fuerte en el centro de la comunidad y en la adoración adecuada de Dios en el santuario que había designado.
La iglesia cristiana sigue enfrentando estos problemas, aunque en diferentes maneras. Los principios para responder en forma adecuada siguen siendo los mismos: En el centro, fuerte liderazgo y en la periferia, una línea de demarcación clara. Teniendo una posición fuerte y segura, es posible extender la mano de bienvenida y de perdón a los de afuera. Teniendo una posición débil los dos grupos se hunden juntos.
H. G. M. Williamson

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